Aunque no se sufra ninguna patología, es conveniente realizarse una revisión oftalmológica. Su periodicidad dependerá de la edad, no descartándose que ante cualquier síntoma se acuda inmediatamente al especialista.
- En los primeros días o semanas tras el nacimiento
- Una vez que el niño cumple 4 años
- De los 6 a los 12 años
- De los 13 a los 18 años
- Entre los 19 y 40 años
- A partir de los 40 años
- A partir de los 60 años
En los primeros días o semanas tras el nacimiento
En los primeros días o semanas tras el nacimiento, el oftalmólogo debe efectuar la primera revisión ocular, para determinar si el bebé sufre algún defecto o patología congénitos. Una vez obtenido este diagnóstico precoz, es el pediatra el que se encarga de realizar las exploraciones rutinarias, para detectar casos de ambliopía (ojo vago) o estrabismo.
Una vez que el niño cumple 4 años
Es muy recomendable que un oftalmólogo le haga un reconocimiento ocular completo, incluyendo la medida de la agudeza visual.
De los 6 a los 12 años
En este intervalo de tiempo se recomiendan revisiones periódicas de carácter preventivo al menos cada dos años. En este segmento de edad hay que tener muy en cuenta que los defectos refractivos (miopía, hipermetropía o astigmatismo) pueden obstaculizar el desarrollo escolar del niño. Por este motivo los padres deben esforzarse en detectar cualquier problema en la visión de sus hijos lo antes posible.
De los 13 a los 18 años
La miopía experimenta los mayores cambios. Por ello, es recomendable acudir al oftalmólogo cada año para que pueda efectuar un seguimiento del trastorno visual. Cuando se padece hipermetropía, para evitar dolores de cabeza es importante utilizar medios de corrección eficaces como las gafas y las lentes de contacto. Aunque estas últimas son las preferidas por los adolescentes debido a cuestiones estéticas, los especialistas recomiendan escogerlas sólo en función del estilo de vida del usuario (práctica de deportes...) y de su grado de madurez. Y es que el uso de lentillas comporta una gran responsabilidad, ya que si no se cuidan ni limpian regularmente pueden causar infecciones y otras consecuencias irreversibles en la córnea.
Entre los 19 y 40 años
Los defectos de graduación tienden a estabilizarse y, por ello, esta etapa de la vida es la más indicada para poner solución a la miopía, hipermetropía o astigmatismo, de una manera definitiva. Las mejores clínicas oftalmológicas ofrecen tratamientos con láser (LASIK) que consiguen corregir estos problemas que provocan una visión borrosa y acabar, así, con la incomodidad de llevar gafas o lentillas.
A partir de los 40 años
El cuidado de la salud ocular debe incrementarse a partir de la madurez. Los especialistas aconsejan visitar al oftalmólogo una vez cada dos o tres años, ya que en esta etapa existe un mayor riesgo de padecer patologías como la vista cansada o presbicia. El síntoma más común de este defecto es la necesidad de aumentar la distancia de lectura así como la dificultad para ejecutar trabajos de precisión. Existen dos soluciones para tratar la vista cansada: la utilización de gafas y la corrección quirúrgica con láser (Visión combinada).
A partir de los 60 años
La probabilidad de verse afectado por problemas oculares es todavía mayor al superar la barrera de los 60 años, por lo que se aconseja acudir al médico especialista cada 12 ó 24 meses. Las enfermedades más comunes en estas edades son: las cataratas, el glaucoma y la retinopatía, todas ellas de carácter severo. En el caso de las cataratas, el único tratamiento posible es quirúrgico, no existiendo medicamentos, aportes vitamínicos, aparatos ópticos o ejercicios que las eviten o curen.









