Esta información no es del todo cierta, si no que tiene que ver con la forma en la que aprendemos a ver y a escuchar y con la forma en la que combinamos la información que obtenemos a través de estos dos sentidos. Esto ocurre porque, por ejemplo, nuestro cerebro usa la información visual del movimiento del rostro, de los gestos y de los labios de nuestros interlocutores para interpretar mejor lo que nos están contando. Y es que… todos leemos los labios de las personas con las que interactuamos aunque no seamos conscientes de ello ni de que tenemos esta “habilidad”. Según un estudio publicado por la revista Plos One, si nos encontramos en una habitación muy ruidosa, escucharemos entre un 10% y un 60% mejor la conversación que estamos manteniendo si vemos la cara de nuestros compañeros mientras hablan que si no la vemos. Este trabajo conjunto entre oído y vista también se manifiesta cuando conducimos. El 90% de la información que recibimos mientras estamos llevando el coche nos llega a través de la vista, pero el oído participa en la conducción como complemento fundamental de la visión ayudándonos, por ejemplo, a situar los estímulos en el tiempo y en el espacio. Por esta razón, las personas que sufren una pérdida auditiva superior al 45% están obligadas a realizar una serie de adaptaciones en su vehículo. Otro ejemplo claro de que el oído influye en lo que vemos es cómo en una película una escena puede evocar emociones totalmente diferentes si la combinamos con una música o con otra. Está claro que los sentidos son nuestro punto de contacto con el mundo exterior y que se complementan unos a otros para ofrecernos la mayor cantidad de información posible. Así que… cuida de tus sentidos.

Fatiga Ocular Interior

¿Si cerramos los ojos escuchamos peor?
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