Antes de la aparición de la fotografía, las imágenes se conservaban a través de la escultura y las obras pictóricas, actividades que siempre estuvieron ligadas a la subjetividad de los artistas, que tendían a dramatizar un poco los hechos para complacer al cliente que pagaba o al público, algo que también ocurre, aunque en menor medida, con las fotos y la televisión.

Desde la aparición de la fotografía, hemos pasado de almacenar nuestras vivencias e historia en los museos, a poder conservarlas en imágenes físicas en cualquier cajón. A través de ellas, podemos recorrer el pasado y visitar acontecimientos aunque no estuviéramos presentes cuando sucedieron.

Más tarde, con la invención de la televisión, las imágenes en movimiento deleitaban al público aportando no solo información sino también veracidad a la actualidad. Así por ejemplo, cuando el hombre pisó la Luna por primera vez en julio de 1969, millones de personas en todo el mundo pudieron verlo a través de sus pantallas.

Del mismo modo, otros momentos como el speech de Martin Luther King I have a dream, también pasaron a la posteridad. En su lado negativo, hechos como el lanzamiento de la bomba nuclear en Hiroshima se quedaron grabados en el recuerdo de la sociedad. O más recientemente, los atentados del 11-S en Nueva York o el 11-M en Madrid, también provocaron una avalancha de imágenes para el recuerdo.

Por otro lado, los deportes han sido siempre objeto de remembranza, como las hazañas de Nadia Comaneci en los Juegos Olímpicos de Montreal en 1976, cualquiera de los aparatosos accidentes de la Fórmula 1 o los que se producen con los deportes de invierno.

Los fenómenos naturales y las más famosas maravillas del mundo, también han acaparado tradicionalmente objetivos, tanto de cámaras de fotos como de televisión. La aurora boreal en el Ártico es motivo de visitas turísticas todo el año, así como el cañón del Colorado en Estados Unidos o el Taj Majhal en la India.

Gracias a Internet, actualmente cualquier tipo de imagen ya sea perteneciente a un suceso importante o no, se conserva de modo que, en última instancia depende de nuestro propio criterio decidir qué imágenes son a día de hoy merecedoras de que pasen a la posteridad.

Imágenes para el recuerdo
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