¿Alguna vez habéis conocido a alguien que tiene un ojo de cada color? Si os ha surgido esa oportunidad habréis podido comprobar que es especialmente llamativo e incluso inquietante.
Esta anomalía se conoce como heterochromia iridum o heterocromía y se manifiesta en que los iris son de distinto color de forma total o sólo parcialmente por un exceso o por falta de melanin
 (un pigmento que se haya en las células del cuerpo y es responsable del color del pelo, de los ojos y de la piel). Este fenómeno es poco habitual y puede tener un origen genético o adquirido. En este último caso, el iris cambia de color porque en los tejidos del ojo se depositan determinadas sustancias (como el hierro), por un traumatismo, por el uso de determinados colirios, por una inflamación…
De hecho, si sufres cambios repentinos en el color de los ojos es muy recomendable que acudas a un médico especialista para que descarte alguna enfermedad asociada a este fenómeno.
La heterocromía se puede manifestar de forma completa, cuando el color de un ojo de la persona es completamente diferente al otro, o de forma parcial, cuando parte del iris de cada ojo muestra un exceso o falta de coloración con respecto al otro. Esta heterocromía puede manifestarse en forma de cascada o con anillos de otro color dentro del iris.
La heterocromía es poco habitual en los seres humanos pero bastante común en los animales. En el caso de las mascotas, la heterocromía suele ser más común en los gatos que en los perros y hay razas más propensas a mostrar este fenómeno. En los gatos, la heterocromía es más habitual en los persas blancos, los angoras y los europeos y en el caso de los perros, en los huskies y los dálmatas.

 

Heterocromía, ¿Un ojo de cada color?
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