¿Os imagináis cómo sería ver los sonidos, oler los colores o sentir el tacto de los números? Este fenómeno, que se conoce como SINESTESIA y afecta a entre un 2 y un 4% de la población mundial, consiste en que la persona asocia la estimulación de un sentido (por ejemplo, la vista), con la activación del otro (por ejemplo, el olfato). De esta manera este individuo podría oler los colores. Los científicos afirman que existen unos 60 tipos diferentes de sinestesias y éstas suelen tener un fuerte componente hereditario, ya que hasta un 40% de los sinestésicos poseen un pariente directo con la misma condición, aunque no tiene por qué ser del mismo tipo.
En algunos casos, los efectos de la sinestesia son absolutamente espectaculares. Hay personas que ven colores al oír determinados sonidos, otros saborean involuntariamente los colores o las hay que son capaces de ver formas geométricas de modo involuntario e incluso algunos individuos pueden jugar con el espacio viendo filas de números interminables que les ayudan a realizar verdaderas proezas matemáticas.
Los científicos han descubierto que estas “asociaciones mezcladas” entre los sentidos (por ejemplo, cuando oyen un sonido agudo ven un tono de color amarillo) se mantienen estables a lo largo del tiempo en un mismo individuo, pero varían entre individuos (por ejemplo, otro individuo puede ver un tono verde cuando oye ese mismo sonido agudo). También se sabe que estas conexiones son unidireccionales (por ejemplo, el color rojo evoca un sabor dulce, pero no por ello el saber dulce evoca el color rojo).
La sinestesia también es una figura retórica que consiste en mezclar sensaciones de órganos distintos (oído, vista, gusto, olfato, tacto) o mezclar dichas sensaciones con sentimientos (tristeza, alegría, añoranza…).
Aquí os dejamos un ejemplo de sinestesia retórica extraído de “El otoño”, obra del poeta Luis Cernuda:

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Sinestesia: Mezclando los sentidos
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