El mundo natural se comunica con el ser humano a través de muchas vías y una de ellas son los colores que nuestra vista interioriza para entender el entorno que nos rodea.

Luciernaga a simple vista

Así, la naturaleza se llena de color para informarnos, por ejemplo, de su peligrosidad. El aposematismo es un mecanismo de defensa que está presente en insectos, reptiles, anfibios y mamíferos, como es el caso de las mofetas. En este caso, los colores de estos animales nos avisan de su toxicidad. El objetivo de esta capacidad es avisar a posibles depredadores de que tienen a la vista un animal venenoso y dotado de mecanismos tóxicos.

Estas señales alejan a estos depredadores de ataques, como el de las medusas o el caso del pulpo de anillos azules, que tiene un veneno tan peligroso que es capaz de matar a una persona adulta. Y por si esto fuese poco, estos animales llevan suficiente cantidad de veneno como para matar a 26 personas. Además, este veneno actualmente no tiene antídoto.

Otro animal que nos avisa de su capacidad letal a simple vista es la rana dardo. A pesar de su pequeño tamaño, tiene suficiente veneno en su cuerpo como para matar a 10 seres humanos adultos y con solo una gota del tamaño de la cabeza de un alfiler, puede llegar a infectar a un mamífero de gran tamaño. De esta forma, podríamos decir que el que avisa no es traidor.

Pero la naturaleza no solo informa de peligros a través de los colores, también es capaz de maravillarnos con luz propia y es que, ¿hay alguien que no se haya sorprendido nunca con el brillo de una luciérnaga?, ¿o con la luz que irradia el pez diablo que sale en la película de Buscando a Nemo?

Esta capacidad lumínica llamada bioluminiscencia es la que provoca que algunos animales como estos brillen de noche. Por ejemplo, las luciérnagas producen una sustancia llamada luciferina, que oxidan con la ayuda de una enzima de su cuerpo, produciendo esta fantástica reacción. Las medusas fluorescentes, por su parte, también constituyen un buen ejemplo de bioluminiscencia, aunque no son ni mucho menos, los únicos animales marinos que brillan. Los biólogos estiman que más del 90% de las especies que habitan en los abismos de los océanos, emiten algún tipo de luz.

 

 

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