Según datos de la Federación Española de Dietistas y Nutricionistas (FEDEN), la mitad de los españoles adultos registra cifras de colesterol por encima de los valores recomendados –a partir de 200 mg/dL-; y hasta un 40% de los mayores de 18 años padece hipertensión, según el último estudio realizado por la Sociedad Española de Hipertensión (SEH). La asintomatología de ambos desequilibrios en sus estadios iniciales provoca que un elevado porcentaje de quienes padecen hipercolesterolemia o hipertensión lo desconozca y, por lo tanto, no tome las precauciones oportunas.
Entre los problemas graves de salud que de desarrollan como consecuencia del colesterol o la tensión arterial elevados se encuentran distintas afecciones oculares que pueden incluso conllevar una pérdida irreversible de visión. En ambos casos, los problemas se originan por las alteraciones producidas en el flujo sanguíneo de la zona ocular.

LA RETINA, LA MAYOR AFECTADA

En el caso del COLESTEROL, el Profesor José María Ruiz Moreno, Director Médico de la Unidad de Retina de Clínica Baviera, explica que “del mismo modo que se acumula en las paredes de los vasos sanguíneos del cuerpo, también lo hace en las de los ojos, provocando una disminución de la oxigenación de los tejidos oculares. En caso de llegar a ocluirse la arteria central de la retina, se produciría un infarto retiniano masivo que conlleva una pérdida prácticamente total de la visión”.
Respecto a la HIPERTENSIÓN, el Profesor Ruiz Moreno destaca su “incidencia en los vasos sanguíneos de la retina, que se verán más afectados cuanto más elevada sea la tensión o mayor el tiempo en el que ha permanecido el niveles altos”. Las principales dolencias oculares que pueden aparecer como consecuencia de la hipertensión son neuropatía óptica isquémica -daño en los nervios del ojo debido a una circulación deficiente; oclusión de la arteria retiniana -bloqueo del riego sanguíneo en las arterias que van a la retina; y oclusión de la vena retiniana -bloqueo de las venas que llevan la sangre que sale de la retina

El colesterol y la hipertensión pueden provocar una pérdida irreversible de la visión
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