Los ojos son una de las partes de nuestro cuerpo que más agradecen el descanso que nos proporciona el sueño. Cuando llega la noche notamos como nuestras piernas están cansadas, que no podemos con los brazos y que nuestro cerebro no da para más, pero son nuestros ojos los que se cierran sin que podamos hacer nada para remediarlo. Esto ocurre porque a lo largo del día nuestro sistema visual está trabajando continuamente aunque no siempre seamos conscientes de ello. Por ejemplo, algunos de los músculos del ojo realizan multitud de movimientos totalmente involuntarios. El músculo ciliar, que está adherido al cristalino (la lente natural del ojo), nos permite acomodar (abombar o aplanar el cristalino) para enfocar los objetos lejanos y cercanos. En nuestros ojos, también tenemos dos músculos que controlan la apertura y cierre de la pupila para regular la cantidad de luz que entra en el ojo. Además, contamos con seis músculos que regulan los movimientos oculares. A lo largo de la jornada, estos músculos desarrollan una actividad frenética, pero cuando dormimos están prácticamente “desactivados”. Eso sí, muchas veces cuando soñamos nuestros ojos se siguen moviendo…

Por otro lado, el sueño nos permite “dar vacaciones” a otra de las partes del sistema visual con más “ajetreo” durante el día, la superficie ocular. El principal problema que sufre la superficie de nuestros ojos durante el día es la sequedad. El párpado protege a nuestros ojos de las agresiones externas y nos permite renovar la película lagrimal que lo mantiene hidratado. Por eso, al cerrar los párpados durante la noche mantenemos la superficie ocular cubierta y protegida de la sequedad durante horas.

En resumen, el descanso es necesario para todas las partes de nuestro cuerpo, pero más si cabe para nuestros ojos…

¡¡A dormir!!

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¿Cómo actúan nuestros ojos durante el sueño?
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