¿A quién no se le ha escapado una lagrimita en el cine? ¿Os habéis podido resistir a la escena más triste de vuestra película preferida? Pues prácticamente seguro que a la vez que os secabais las lágrimas, también os habéis tenido que sonar la nariz, aunque no estuvierais resfriados.  Situaciones como esta, o aquella en la que una madre utiliza el pañuelo para “repasar” la nariz de su hijo después de una rabieta demuestran cómo nuestros ojos están perfectamente conectados con la nariz a través de las vías lagrimales.

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Las lágrimas reflejan nuestras emociones, pero también forman parte del sistema de “protección” de nuestros ojos. Lubrican la superficie ocular y la mantienen limpia y libre de cualquier partícula extraña. Estas lágrimas están producidas por una glándula principal  ubicada en la parte superior externa de cada ojo y otras accesorias que se encuentran en los párpados. Los ojos están humedecidos continuamente por las lágrimas mediante un flujo pequeño, pero continuo para que no se reseque la superficie ocular y para que no se produzca lo que se conoce como Síndrome del Ojo Seco. El sobrante de la lágrima, en parte se evapora y en parte se drena a través de un “desagüe natural” que comunica los ojos con las fosas nasales, las vías lagrimales. Esta pequeña pero continua proporción de lágrimas es absorbida por la mucosa nasal.

Cuando lloramos producimos una gran cantidad de lágrimas que no pueden ser drenadas a la vez por las vías lagrimales, de tal manera que se “desbordan” de los párpados produciendo el lagrimeo. Al mismo tiempo, las lágrimas que pasan por las vías lagrimales hasta las fosas nasales no pueden ser absorbidas de golpe por la mucosa nasal y salen hacia el exterior a través de la nariz como un “moquillo” que nos obliga a sonarnos la nariz.

Así que si estáis pensando en ver una película triste… que no se os olvide el pañuelo.





¿Por qué veo mal?




¿Por qué nos sonamos la nariz cuando lloramos?
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