Según la Organización Mundial de la Salud  (OMS), más de tres millones de personas pierden la vista al año por culpa del exceso de radiación solar. Al año recibimos 5.000 horas de luz y somos seres, evidentemente visuales, ya que el 80% de la información que llega a nuestro cerebro procede de nuestros ojos, por eso debemos protegerlos del sol y la mejor forma de hacerlo es usando unas gafas de sol adecuadas.
Las gafas de sol deberían tener, al menos, dos tipos de filtros. Uno, el que bloquea los rayos ultravioleta, que es el más importante y debe bloquear este tipo de radiación en un 100%. Es un filtro invisible que no podemos apreciar, por lo que adquirir las gafas nunca podremos saber si tienen o no este filtro. Por eso, siempre debemos usar gafas que procedan de un establecimiento de confianza.
El otro filtro es el que bloque la luz visible, es decir, el que hace las gafas más o menos oscuras. Este filtro es completamente independiente del otro y está más ligado a las preferencias y necesidades de la persona que las usa que a necesidades sanitarias. Las normas de calidad (ISO 8990-3) clasifican las gafas en categorías de 0 a 4 dependiendo de la cantidad de luz bloqueada. Las gafas de sol más usadas son las de categoría 3, que bloquean entre el 80 y el 90% de la luz visible.

Merece la pena mencionar que la situación más peligrosa cuando usamos gafas de sol es el  uso de unas gafas muy oscuras, con un alto bloqueo de la luz visible y con un mal filtro ultravioleta. Las consecuencias pueden ser graves ya que tras las gafas nuestra pupila estará más dilatada por el bloqueo de la luz visible y sin la protección del filtro ultravioleta, por lo que la posibilidad de daño a nuestros ojos será mucho mayor.

Protege tus ojos del sol (I)
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