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Bye bye gafas con Cirugía Refractiva

Lo tengo claro. Lo veo claro

¿Recuerdas lo que era ser pequeño y vivir muchas primeras veces? Cada día te esperaba una experiencia nueva, una sensación por descubrir. La ilusión te embargaba, se salía de tu pecho al experimentar lo desconocido y comprobar cómo tus cinco sentidos percibían todo por primera vez.

Una vez que creces y entras en la etapa adulta, sorprenderte con el día a día es mucho más difícil, casi imposible. Sin embargo, hemos encontrado una sensación que casi es equiparable con esa emoción de cuando éramos pequeños: Volver a ver como la primera vez. Poder observar el mundo como cuando eras pequeño.

Quien no sufre de miopía, quien nunca ha utilizado gafas o lentillas y no sabe lo que es ver bultos borrosos cuando no llevas gafas, no entiende bien que es lo que se siente cuando vuelve a ver. Porque cuando te operas, vuelves a tenerlo todo CLARO.

María, bailarina de profesión y amante de la danza dio el paso con 26 años. “Tenerlo claro es lo más difícil”, nos cuenta. “Pero una vez dado el paso, piensas, ¿cómo no lo he hecho antes?”.  Hemos querido saber más sobre una de “las decisiones más importantes de su vida” como ella misma afirma.

Dos bailarinas

María, descríbenos la primera vez que volviste a verlo claro.

Esa primera vez es como volver a descubrir un mundo de colores, de texturas, de nitidez que había olvidado desde los 10 años, edad en que empecé a tener miopía.

¿Qué te hizo tener claro que ibas a operarte?

Mi profesión. Después de dieciséis años de gafas, lentillas, gafas de nuevo… mis ojos empezaron a rechazar las lentillas de tanto usarlas. Fue entonces cuando tuve que tomar la decisión. Me hice las pruebas y me dijeron que podía operarme.

¿Cómo te sentiste el día de la operación?

El día de la operación tuve una mezcla de sentimientos que se agolpó en mi mente. Me bloqueé y en el último momento dije que no quería operarme. Estaba muerta de miedo por si algo salía mal. Gracias al gran equipo de profesionales y a mi familia, no reculé y entré a quirófano.

¿Y cuándo saliste? ¿Cómo te sentiste?

Diez minutos después mi vida había cambiado, y la forma en la que percibía el mundo también. Todo aparecía ante mí, claro, nítido y sin la necesidad de unos cristales para poder observar la vida que me rodea. Sin duda, mi mejor primera vez.

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