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Cefalea en racimos: causas, síntomas y tratamiento

La cefalea en racimos o brotes es uno de los dolores de cabeza más incapacitantes. Además, está considerada como el segundo tipo de cefalea primaria más frecuente por detrás de la migraña. De hecho, se estima que en España la padecen cerca de unas 47.000 personas. 

Cada año aparecen al menos 1.000 casos nuevos. Así, quienes sufren cefaleas en racimo, las describen como un dolor punzante que ataca normalmente por detrás del ojo y que se extienda hasta la sien, la mandíbula, la boca y el cuello. Esta enfermedad suele manifestarse cuando los pacientes rondan los 30 años. Sin embargo, aunque con menor incidencia, también pueden darse casos durante la infancia, adolescencia y en edades más avanzadas.

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Síntomas de la cefalea en racimos

Los ataques de una cefalea en racimo suelen producirse en un momento concreto del día. Incluso es posible que el dolor intenso despierte a los pacientes en plena noche. El dolor suele ser unilateral y siempre en el mismo lado de la cabeza, en una distribución orbitotemporal. 

Es muy característico experimentar un dolor muy fuerte en uno de los ojos o a su alrededor. En solo unos minutos se puede llegar al punto de máximo del dolor, y ceder de manera espontánea en unos 30 minutos o 1 hora aproximadamente.

La forma que tiene de manifestarse varía según cada paciente. Sin embargo, por lo general, los pacientes suelen experimentar al menos un ataque al día durante uno o tres meses (en períodos de crisis), y no vuelven a repetirse hasta pasados unos meses o incluso años.

Otros síntomas de la cefalea en racimo que suelen acompañar a estos ataques son los siguientes:

  • Dolor en un lado de la cabeza: El dolor de la cefalea se puede manifestar en ambos lados, aunque lo más habitual es que los pacientes describan con mayor intensidad el dolor en uno de los lados de la cabeza.
  • Inquietud: Tanto durante las horas previas al ataque como durante y después del ataque de cefalea, son muchos los pacientes que afirman experimentar sensación de nerviosismo o inquietud. Incluso aunque no existan situaciones estresantes a su alrededor en el momento del ataque. 
  • Lagrimeo: Otro de los síntomas más habituales que se experimenta durante las horas previas y posteriores al inicio del ataque es un aumento del lagrimeo en los ojos, especialmente en el ojo que se muestra más afectado. 
  • Enrojecimiento en el ojo del lado afectado: Al igual que sucede con el lagrimeo, el enrojecimiento del ojo afectado por la cefalea en racimo es otro de los síntomas más comunes que describen la mayoría de los pacientes que padecen esta enfermedad.
  • Nariz taponada o moqueo en el lado afectado: Durante los momentos anteriores y durante la crisis producida por el ataque de la cefalea, es habitual que el seno nasal del lado afectado presente una mayor cantidad de moco, lo que deriva en el taponamiento de dicho seno, ocasionando molestias adicionales al paciente. 
  • Sudor en el rostro: Otro de los síntomas comunes que se manifiestan durante los ataques de este tipo de cefaleas es el sudor en el rostro. 
  • Piel pálida: Así mismo, junto con el resto de síntomas mencionados, son muchos los pacientes que manifiestan piel pálida durante los minutos, o incluso horas, previos a padecer uno de estos ataques. 
  • Caída de párpado: Finalmente, otro de los síntomas comunes que puede avisar de que se está cerca de padecer uno de estos episodios es la caída del párpado, que se acentúa antes y durante el ataque de la cefalea en racimo, y que tiende a disminuir a medida que el ataque remite.

Mujer trabajando frente al ordenador con dolor de cabeza

Causas de la cefalea en racimos

Uno de los problemas que plantea esta enfermedad es que se desconocen las causas que motivan las cefaleas de racimo. No obstante, los especialistas parecen estar de acuerdo en descartar que la causa pueda deberse a un elemento de tipo infeccioso, y ponen énfasis en la forma en la que determinadas personas tienen de reaccionar ante situaciones de estrés o personas con un sistema inmunitario deficiente o dañado. 

Asimismo, se han determinado ciertos factores que parecen influir negativamente en su aparición y el grado en que afectan al paciente:

  • Tabaquismo: Está comprobado que las cefaleas en brotes afectan con mayor frecuencia a pacientes fumadores que a no fumadores. De hecho, se ha comprobado que aquellas personas que padecen esta enfermedad notan una clara mejoría a partir del año de dejar el tabaco. 
  • Consumo de alcohol: Al igual que sucede con el tabaco, el abuso del alcohol se ha descrito como una de las causas que actúan como estímulo de este tipo de cefaleas. De hecho, incluso en los casos de un consumo moderado, parece que abstenerse del consumo de bebidas alcohólicas mejora considerablemente la aparición y la intensidad en la que esta enfermedad se manifiesta en los pacientes que la describen. 
  • Los hombres tienen mayor riesgo de padecerlas: Aunque son muchas las mujeres que también las padecen, las cefaleas en racimo son más comunes en pacientes varones que en mujeres. 
  • Familiares que padezcan o hayan padecido este problema: Por otro lado, uno de los factores que más suele ayudar en su diagnóstico es la presencia de familiares que hayan manifestado el mismo problema, puesto que se trata de una enfermedad que parece tener un importante componente hereditario. 
  • Situaciones de estrés: Aunque el estrés es uno de los factores que más enfermedades pueden causar y desencadenar en nuestro organismo, se considera que es una de las principales en lo que a migrañas y cefaleas se refiere, incluidas las cefaleas de racimo. Debido a esto, una de las recomendaciones que suelen hacerse para evitar la aparición de sus ataques es evitar aquellas situaciones que puedan generar un estrés excesivo en el paciente, ya que en muchas ocasiones pueden constituir el desencadenante de uno de sus episodios de crisis.

Posible tratamiento

El paciente suele acudir a la consulta ante los primeros brotes de cefalea en racimo, y es el momento cuando el facultativo diagnostica el problema. En cuanto al tratamiento, una de las primeras opciones es suministrar oxígeno al paciente, lo que resulta muy eficaz en el 83,2 % de los casos. Por otro lado, también es posible emplear esteroides como tratamiento de transición, así como al uso de verapamilo como medicamento preventivo.

Sin embargo, según un estudio internacional realizado por la Fundación del Cerebro y la Asociación Cefalea en Racimos Ayuda (ACRA) en el que participaron enfermos de varios países de Europa, Latinoamérica y Canadá, el 50 % de personas afectadas por esta enfermedad no recibe un tratamiento preventivo adecuado. Incluso es común que se recurra a métodos no comprobados científicamente, como la acupuntura o la homeopatía para intentar atajar esta dolencia.

Debido a esto, es fundamental que el paciente acuda al médico ante los primeros síntomas, así como que el facultativo sea capaz de llevar a cabo un diagnóstico correcto de la enfermedad, y lleve a cabo el seguimiento correcto de la evolución del paciente. En la mayoría de los casos, se recomendará adoptar ciertos hábitos que ayuden a prevenir la aparición de sus ataques (evitar situaciones de estrés y el consumo de tabaco, alcohol, drogas, etc.), lo que se complementará con tratamiento farmacológico indicado tanto para su prevención como para su tratamiento en los episodios concretos de ataque de las cefaleas.

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