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El blog de la Oftalmología

Opciones de tratamiento para eliminar la pinguécula

La pinguécula es una anomalía visual que puede afectar a cualquier persona, aunque bien es cierto que las personas mayores de 50 años y los ancianos tienen especial inclinación a sufrirla. Sin embargo, no se trata de un problema definitivo; por el contrario, existen diferentes tratamientos que permiten su corrección y algunas medidas para intentar prevenir su aparición.

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Qué es: breve descripción de la pinguécula

La pinguécula es exactamente una protuberancia benigna (no cancerosa) que se localiza en la capa delgada del tejido que cubre el ojo, la conjuntiva (tejido blanco del ojo). Por lo general, tiene un color amarillento y una forma triangular. Se sabe que crecen cerca de la córnea (la capa transparente localizada sobre la pupila y el iris). Son más propensas a aparecer en el lado de la córnea más próximo a la nariz, aunque eso no significa que no puedan crecer en el lado contrario de la córnea.

Cómo afecta a la visión

Pese a que algunas pinguéculas alcanzan un tamaño relativamente mayor, es decir, son percibidas a simple vista, por lo general, son muy pequeñas. Si crecen, dicho crecimiento es solamente gradual y solo se da en casos raros. De hecho, la mayoría de las veces no afectan la visión, y solamente se perciben como  pequeñas manchas. Los pacientes pueden tener una o varias al mismo tiempo. El oftalmólogo es quien se encargará de realizar el diagnóstico , y de establecer el tratamiento correspondiente si fuera necesario.

¿Cuáles son las principales causas?

La condición principal para que aparezca una pinguécula son los cambios en el tejido de la conjuntiva. Las protuberancias que aparecen están formadas por lo general por grasas, calcio y proteínas acumuladas.

Si bien todavía no se sabe con certeza por qué causas aparecen, algunos especialistas creen que esto se debe a la exposición frecuente a la luz solar, el polvo, el viento u otras partículas que circulan en algunos ambientes. Es decir, que habría una relación estrecha entre las condiciones ambientales y la aparición de este tipo de pequeñas protuberancias. De hecho, el elemento ambiental que mayor relación suele tener con su aparición es la exposición prolongada a la luz del sol, como por ejemplo sucede en aquellas personas que trabajan al aire libre.

Llegados a este punto, conviene recordar la importancia de llevar gafas de sol o lentes especiales que garanticen la protección plena de nuestros ojos. Dicha protección no debe ser exclusiva de la temporada estival, que es cuando la exposición a la luz solar (rayos uv) es mayor, sino que debe ser continuada a lo largo de todos los meses del año. De hecho, aunque es cierto que durante el verano la luz solar es mucho más dañina, eso no significa que la luz solar durante los meses más fríos no perjudique nuestra salud ocular. Uno de los errores más habituales es reducir la protección durante este período del año, lo que conlleva una exposición pequeña pero muy prolongada durante muchos meses, lo que repercute de manera muy negativa en  la salud de nuestros ojos.

Por otro lado, también se ha relacionado la aparición de pinguéculas con el síndrome del ojo seco, un problema de los ojos que se deriva de la falta de lágrima suficiente o de calidad como para mantener lubricado de forma correcta el ojo. Esto suele provocar daños en la superficie de la conjuntiva, lo que, finalmente, puede llegar a producir la aparición de una o varias pinguégulas. Por ello, en el caso de sufrir de ojo seco, es fundamental que la lágrima natural sea complementada con lágrima artificial, que se puede adquirir en farmacias y que permitirá complementar la falta de lubricación natural de los ojos.

Algunos estudios también han vinculado la aparición de pinguéculas con el envejecimiento.

Ojo azul pupila con pinguecula

Síntomas de la pinguécula

Aunque la pinguécula puede manifestarse de formas diferentes en cada paciente, lo más normal es que no provoque más síntomas oculares que la visualización del bultito dentro del ojo. Solo en algunas situaciones la protuberancia se inflama de forma aguda produciendo un cuadro clínico con una denominación específica: pingueculitis.

Los síntomas más comunes que se asocian a este problema de los ojos son los siguientes:

  • Irritación o sequedad en el ojo: Además de ser una causa de la pinguécula, la sequedad (ojo seco) también es un síntoma manifiesto de su aparición en algunos pacientes. A la vez, puede haber una sensación de irritación constante. Este síntoma está íntimamente relacionado con la falta de lágrima o con una lágrima natural de mala calidad. Por ello, independientemente de que se haya llegado a producir la lesión, es muy importante aplicar de forma habitual lágrimas artificiales en la superficie del ojo para mejorar su lubricación y evitar molestias y sensación de sequedad constante en el ojo.
  • Sensación de aspereza: En algunos pacientes, se presenta una sensación de aspereza similar a cuando entra arenilla o polvo en el ojo que obstaculiza el campo de visión. En realidad, esta sensación también suele estar vinculada a la falta de una lubricación adecuada del ojo, por lo que, de nuevo, la aplicación de lágrimas artificiales suele mejorar este síntoma.
  • Picazón en el ojo o enrojecimiento: Otras veces, se evidencia tras la aparición de un color rojo en la zona ocular, especialmente en la zona de la córnea, el iris y la pupila. Este enrojecimiento puede estar causado tanto por la propia pinguécula como por la sensación de irritación crónica que produce el síndrome de ojo seco.
  • Inflamación: Finalmente, y quizá también el síntoma más visible de esta anomalía visual, es la inflamación del ojo o de una parte del mismo (normalmente la conjuntiva). No siempre supone una incomodidad para el paciente, por lo que puede que este ni siquiera sea consciente de la inflamación hasta que sea otra persona quien se la indique. En estos casos, lo más aconsejable siempre será acudir al especialista en oftalmología lo antes posible para que pueda llevar a cabo una exploración y descartar cualquier tipo de enfermedad o, en caso contrario, recomendar el tratamiento más adecuado para cada problema.

Diagnóstico

El diagnóstico de la pinguécula es muy sencillo y suele bastar con un simple examen oftalmológico de la superficie ocular. Si el facultativo lo considera conveniente, puede decidir hacer una biopsia de la lesión para analizarla y descartar algún tipo de malignidad. Esto se realiza en un porcentaje muy bajo de los casos, por no considerarse necesario.

Tratamientos posibles y eventuales complicaciones

Por lo general, la pinguécula no requiere tratamiento ni cuidados especiales, salvo en aquellos casos en que esté asociada a otros problemas visuales. Lo más normal es que desaparezca espontáneamente al cabo de unos días. Asimismo, dependiendo de las características particulares de cada caso, se podrá optar por un tipo de tratamiento u otro. Algunos de los más comunes son los siguientes:

Pomadas o colirios:

Estos productos solo se utilizan cuando el paciente presenta enrojecimiento o un grado de irritación severo. Existen diferentes medicamentos que pueden utilizarse para mejorar o disminuir las molestias causadas por la pinguécula. En algunos casos, bastará con la aplicación habitual de lágrimas artificiales (gotas). Sin embargo, según sea el caso, el oftalmólogo podrá recomendar el uso concreto de un tipo de lágrima artificial determinada, así como pomadas u otros medicamentos más específicos. En este sentido, es importante recordar que deberá ser siempre el médico quien establezca el tratamiento, por lo que se debe evitar automedicarse.

Cirugía:

La otra alternativa para tratarla es la cirugía. La conveniencia o no de este procedimiento dependerá del aspecto de la protuberancia. La cirugía es una opción que se recomienda sobre todo cuando es necesario extirparla, ya sea por el tamaño o las características de la pinguécula en particular. Existen tres situaciones en las que los especialistas suelen recomendar este tratamiento. En primer lugar, cuando crece por encima de la córnea y afecta severamente la visión. En segundo lugar, cuando genera molestias de gran envergadura en el día a día. Y, finalmente, cuando el paciente presenta una inflamación grave que se mantiene en el tiempo, incluso cuando se han aplicado medicamentos como pomadas o colirios.

En el caso de tener que llevarse a cabo un tratamiento quirúrgico, este es relativamente sencillo y de carácter ambulatorio, realizándose casi siempre con anestesia local. La técnica concreta a utilizar será la que escoja el cirujano, teniendo en cuenta las características personales del paciente y de la lesión concreta a tratar. Por desgracia, la pinguécula tiene cierta tendencia a reaparecer en la misma zona donde ha sido detectada la primera vez. Este es un factor que también deberá ser tenido en cuenta a la hora de optar o no por el tratamiento de cirugía, ya que el paciente debe tener en cuenta que es posible que, después de la operación, se vuelva a manifestar. Sin embargo, sí que es cierto que, debido a que su crecimiento es lento, una operación en la que se extirpe, seguida de un tratamiento adecuado para reducir sus efectos, puede llegar a mejorar mucho la calidad de vida del paciente.

¿Es lo mismo una pinguécula que un pterigión?

La pinguécula ha sido tradicionalmente asociada a la aparición de un pterigión, que es otra anomalía visual similar, aunque sus características, su desarrollo y sus síntomas no son exactamente los mismos.

En primer lugar, hay que tener en cuenta que el aspecto de un pterigión es distinto al de una pinguécula. Su color es similar al color de la piel y, por lo general, adquieren formas ovaladas, redondas y hasta alargadas, que nada tienen que ver con una pinguécula, que suele tomar una forma triangular en la mayoría de los casos.

Por otra parte, la zona preferida por el pterigión para aparecer y crecer progresivamente es la que está encima de la córnea. Esta distinción es clara, pues, si una pinguécula aparece en dicha zona del ojo, pierde su denominación y se le considera un pterigión.

No obstante, en lo que sí se parecen ambas anomalías es en su carácter benigno y, en que al menos en sus primeras fases desarrollo, no suponen riesgos significativos para la salud visual ni son un obstáculo declarado para una buena visión.

En cualquier caso, si se tienen molestias o se sospecha que se puede estar padeciendo de una pinguécula o de un pterigión, lo mejor será acudir al oftalmólogo para que lleve a cabo una exploración y pueda llevar a cabo un diagnóstico acertado y, en consecuencia, adoptar el tratamiento más aconsejable en cada caso.

Cómo prevenir la aparición de pinguéculas

La mejor forma de prevenir la aparición de una pinguécula es protegiéndonos ante los factores de riesgo y en este caso los más importantes son los de los rayos del sol. Este consejo está dirigido especialmente a las personas que por su profesión pasan muchas horas expuestos al aire libre o a determinados ambientes. Las gafas de protección contra el viento, el sol y las partículas que circulan en el aire son un buen método de defensa que deben poner en práctica estas personas en sus respectivos trabajos.

Por otro lado, también es necesario que cualquier persona se acostumbre al uso de gafas de sol convencionales en su día a día, ya que son la mejor forma de proteger los ojos contra la aparición de pinguéculas y otros problemas que afectan a la visión. Asimismo, es fundamental tener en cuenta que las gafas de sol deben ser homologadas, es decir, adquiridas en óptica. Esta será la única garantía de que los cristales filtren correctamente todos los tipos de rayos solares que afectan a la salud de nuestros ojos y, por lo tanto, la única forma de prevenir realmente las enfermedades y problemas asociados a este tipo de condiciones ambientales.

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