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Todo lo que debes saber sobre los nevus coroideos

Se conoce con el nombre de nevus coroideos a los tumores de carácter benigno que aparecen como lesiones en la parte interna del ojo. Son masas perfectamente definidas y pueden llegar a tener un grosor de hasta de 2 mm. 

La forma más habitual en la que se registran este tipo de cuerpos en la zona intraocular es el óvalo. En cuanto a la pigmentación, lo más común es que sean de color grisáceo azul, marrón, con parches hipomelanociticos o con amelanico puro. 

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Nevus coroideos, ¿a quiénes afectan más?

Los estudios que se han realizado hasta el momento para determinar la evolución de los nevus coroideos señalan una incidencia de entre el 4.6% y el 7% entre las personas de raza caucásica, es decir, aquellas cuyas raíces étnicas provienen de Europa, África del Norte y el oeste de Asia, y que se distinguen sobre todo por el color blanco de la piel.

Por el contrario, es infrecuente ver este tipo de cuerpos en la zona ocular de personas pertenecientes a las razas negra o asiática.

Aunque aún no existen datos epidemiológicos que respalden teorías sobre una relación entre el sexo, el color de piel o el color del iris y la aparición de nevus coroideos, sí que se pueden plantear algunas hipótesis relacionadas con el tipo de medicamentos suministrados o el grado de exposición al sol, entre otros factores.

En cuanto a los rangos de edad de las personas más propensas a sufrir esta anomalía, los especialistas hablan de una probabilidad del 1.9% entre los mayores de 13 años y del 6.5% entre los adultos mayores de 50 años, lo cual habla de una relación directa entre el desarrollo de las masas como tal y el envejecimiento corporal.

¿Cuáles son las principales causas de los nevus coroideos?

La gran mayoría de los nevus coroideos se gestan antes del nacimiento, aunque su crecimiento solo se materializa en los años previos a la pubertad o durante la etapa de tránsito entre la adolescencia y la edad adulta.

Es poco frecuente, por ello, que un paciente desarrolle una masa de este tipo tras haber llegado a la edad adulta y, mucho más, sin tener ningún antecedente al respecto.

A la hora de su diagnóstico, es fundamental establecer el tipo de células que componen los nevus coroideos, pues esta información ayudará a nuestro especialista a concretar tanto el diagnóstico como el tratamiento adecuado.

Hasta la fecha existen cuatro tipos básicos de nevus coroideos identificados en los pacientes de distintos grupos étnicos: pholiedral nevus cells, slender spindle, nevus cells, intermédiate nevus cells y, por último, el ballon cells.

Pero más allá de eso, lo realmente importante del caso es que este tipo de partículas crecen y se desarrollan sin que exista una evidencia de ello, con lo cual el mejor método de prevención es la detección precoz.

Ilustración ojo con manchas rojas

Métodos para el diagnóstico de los nevus coroideos

Las masas que constituyen los nevus coroideos se diagnostican casi exclusivamente con una oftalmoscopia, pues incluso las partículas más pequeñas son visibles tras este tipo de revisión. Sin embargo, esto no quiere decir que esta sea la única herramienta para el diagnóstico de su presencia intraocular.

La oftalmología también dispone de recursos como la biomicroscopia o la ecografía de ultrasonidos. Mientras la primera es ideal para observar efectos secundarios, la otra sirve, sobre todo, para obtener imágenes en alta resolución de la zona ocular analizada.

Otro método de diagnóstico de los nevus coroideos es la denominada retinografía, que es una revisión a fondo de la retina, muy útil y cómoda para el paciente. Sin embargo, no se recomienda usarla en las primeras exploraciones o valoraciones, sino ante todo para analizar la evolución de las lesiones ya detectadas.

No obstante, lo primordial a la hora del diagnóstico de los nevus coroideos es saber distinguirlos de los habituales melanomas, que son las masas malignas que dan lugar al cáncer localizado en la zona ocular.

¿Los nevus coroideos pueden convertirse en melanomas?

La probabilidad de que los nevus coroideos se conviertan en melanomas (es decir, que modifiquen su naturaleza de benigna a otra maligna) es prácticamente nula. Aun así, el paciente debe tener en cuenta tal probabilidad y aumentar la frecuencia de las revisiones para no correr riesgos y lograr un diagnóstico oportuno.

Los defectos del campo visual, la aparición de drusas, la pigmentación naranja, entre otros factores, no son necesariamente síntomas de que los nevus coroideos han pasado de ser benignos a malignos. El único elemento que debería levantar sospechas en este sentido es el aumento de su tamaño.

Aunque cada caso es diferente y no evoluciona de la misma forma, se estima que un nevus coroideo con un grosor de apenas 2.1 mm tiene sólo un 10% de probabilidad de convertirse en un melanoma; sin embargo, cuando el grosor es de 4mm o incluso si es superior a este valor, la probabilidad aumenta a un 24%.

¿Cuál es el tratamiento para mitigar los nevus coroideos?

Los nevus coroideos en sí mismos no precisan de ningún tratamiento. Esto es así porque, tal como hemos dicho antes, se trata de partículas de carácter benigno que no alteran en absoluto la salud visual de los pacientes.

O dicho de otra forma, una persona puede convivir con varias de estas partículas en la zona intraocular sin que esto perjudique en absoluto su visión.

Eso no quiere decir que deba desentenderse de los controles con su especialista. Todo lo contrario, debe acudir a revisiones periódicas para llevar un control de estas masas y descartar cualquier evolución maligna.

Los pacientes a quienes se les haya detectado uno o dos factores de riesgo tienen que acudir a consulta cada 4 ó 6 meses aproximadamente. Sin embargo, si el riesgo de desarrollar un melanoma es más alto, las revisiones oftálmicas deben realizarse en un lapso más corto. En esos casos, a los nevus coroideos se les mantiene en observación y se les etiqueta como ‘nevus sospechoso’ o ‘nevus subsidiario de control’.

Cuanto mayor sea el control que realices sobre los nevus coroideos que te hayan sido diagnosticados en una primera fase, menores serán las probabilidades de que estos deriven en melanomas o masas malignas. La mejor prevención es el diagnóstico precoz.

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