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Tics nerviosos en niños: ¿debo preocuparme?

Una de las causas de consulta más habituales en las consultas de los pediatras son los tics nerviosos en niños. Estos se pueden manifestar de diversa manera, desde pequeños tics que pasan prácticamente desapercibidos (por ejemplo tics en los ojos o los párpados), a tics de mayor envergadura (por ejemplo aquellos que implican mover alguna extremidad o el cuello). Sin embargo, en la mayoría de los casos, se trata de un elemento que forma parte natural del desarrollo del niño, por lo que no será necesario un tratamiento específico. 

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Qué son los tics nerviosos en niños

Los tics nerviosos en niños son movimientos o reacciones involuntarias que los menores realizan de forma incontrolada y de forma habitualmente repetida. Se suelen manifestar en situaciones de estrés o presión (por ejemplo en el caso de niños muy perfeccionistas o que tienen padres muy exigentes). De hecho se trata de una de las consultas más comunes en clínicas cuando se trata de niños

Sin embargo, en la mayoría de los casos, estos tics nerviosos en niños son simplemente la forma en que el propio organismo tiene de gestionar la ansiedad o estrés acumulado. En consecuencia, es fundamental que los padres otros adultos entiendan que se trata de un movimiento o acción involuntaria que el niño no puede controlar. 

De hecho, lo más recomendable en estos casos es que el tic en cuestión sea ignorado si el niño  no manifiesta problemas mayores. Esto se debe a que, si el niño identifica que dicho tic es motivo de excesiva atención o preocupación por su entorno más inmediato, esto puede acarrear que aumente la ansiedad y estrés asociados a su causa. Es decir, podría ser contraproducente, ya que el niño sentiría que tiene la obligación de ocultarlo, lo que puede conllevar sentimientos de culpabilidad y afectar a su propia autoestima. 

Niño con gafas sonríe a la cámara en un aula

Por qué aparecen los tics nerviosos en niños

No se conoce la causa exacta que puede desencadenar los tics nerviosos en niños. No obstante, en la mayoría de los casos, se suelen asociar a un estado de nerviosismo constante por parte del menor, lo que suele estar vinculado con niños muy perfeccionistas o niños con padres muy exigentes y que ejercen demasiado estrés sobre sus propios hijos. 

En consecuencia, se recomienda que se intenten evitar situaciones de estrés o ansiedad acumulada por los niños, ya que esto solo empeoraría la manifestación de los tics nerviosos en niños. De hecho, es importante remarcar que, en la mayoría de los casos, si estos tics se ignoran, lo más habitual es que desaparezcan por sí solos pasados algunos meses. 

Cuándo acudir al médico

No obstante, si los tics nerviosos en niños se manifiestan de forma exagerada y durante un período de tiempo prolongado, así como si estos llegan a constituir un problema en las actividades diarias del menor, será el momento adecuado de acudir al pediatra para que evalúe al niño. En la mayoría de los casos, lo más habitual será que el pediatra descarte cualquier tipo de enfermedad o problema relacionado con los tics y, en caso de diagnosticar un problema concreto, será el propio pediatra quien prescribirá el tratamiento más adecuado en cada caso. 

Por otro lado, hay que tener en cuenta que, si no existe un problema concreto al que se puedan asociar los problemas de los tics nerviosos en niños, la causa más probable de su existencia sea el simple estrés del menor. En estos casos, se puede optar por un tratamiento farmacológico para reprimir los tics del niño. Este tratamiento siempre deberá ser prescrito y supervisado por un médico especialista.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que estos tratamientos solo solucionarán los síntomas de los tics nerviosos en niños, no las causas. Por ello, siempre será preferible que, si los tics no afectan a la vida diaria del menor, se opte por dejar que estos sigan su proceso natural y desaparezcan por sí solos (también suele ser importante reducir en la medida de lo posible el estrés al que se vea sometido el menor). En cualquier caso, siempre será la opinión del pediatra quien pueda recomendar o desaconsejar el uso de este tipo de tratamiento teniendo en cuenta el historial y las circunstancias particulares del paciente. 

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