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Graduar la vista: cómo se hace

Una de las labores más importantes que pueden llevar a cabo tanto oftalmólogos como ópticos es graduar la vista. Cuando se gradúa la vista se va a conocer exactamente cuál es el problema de visión que el paciente padece, así como el grado en el que dicho problema se manifiesta. De esta forma, se podrá optar por el tratamiento más adecuado en cada caso, lo que permitirá que el paciente pueda recuperar una visión correcta. 

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Cómo se gradúa la vista

La graduación de la vista se lleva a cabo a partir de varias pruebas que permiten que el oftalmólogo u óptico identifique los problemas visuales que tiene el paciente y el grado en el que estos se manifiestan en cada ojo. Es decir, al graduar la vista, se va a poder saber qué problema concreto se padece (miopía, hipermetropía, astigmatismo, vista cansada, etc.), así como el grado concreto en el que afecta al paciente. 

Al referirse al grado en el que afecta al paciente, se hace referencia a las dioptrías, que es la unidad de medida en que los problemas de la vista se pueden presentar en los ojos. Según el número de dioptrías que presente en paciente, será necesario adecuar el tratamiento a las mismas, lo que permitirá que el paciente recupere la visión normal perdida. Además, también hay que tener en cuenta que las dioptrías que pueden tener que corregirse en un ojo y otro pueden ser distintas, por lo que es importante identificarlas correctamente. 

A la hora de graduar la vista el profesional encargado de hacerlo llevará a cabo diferentes pruebas en el paciente. Estas pruebas se pueden realizar de diferente manera y con distintos dispositivos. En todos los casos, se trata de pruebas que no son invasivas (en ningún momento se llega a tocar el ojo), y el proceso de graduar la vista suele completarse en menos de 15 minutos aproximadamente. 

Oftalmólogo con un foróptero

Para qué sirve graduar la vista

La principal utilidad que tiene graduar la vista es conocer los problemas de la vista del paciente y el grado en el que están presentes en cada ojo. Sin embargo, llevar a cabo la graduación de la vista también sirve, cuando se realiza varias veces separadas en el tiempo, para conocer si los problemas de visión del paciente han aumentado o disminuido. 

Es decir, que sirve tanto para diagnosticar el problema y aplicar el tratamiento adecuado, como para realizar un seguimiento adecuado de un problema de visión ya diagnosticado y que puede evolucionar de distinta forma (especialmente en pacientes jóvenes que todavía están creciendo o en personas que tienen más de 45 años y empiezan a manifestar los primeros síntomas de vista cansada o presbicia).

De esta forma, se podrá aplicar el tratamiento más adecuado en cada caso. Por lo general, los tratamientos más habituales a la hora de corregir los problemas refractivos de los que hemos hablado previamente  pasan por el uso de lentes (ya sea en forma de gafas o lentes de contacto) que permiten corregir los problemas de refracción de la luz en el ojo y conseguir que el paciente vea correctamente. Por otro lado, también se puede optar por la cirugía, que permite corregir el defecto del ojo del paciente y evitar que este tenga que hacer uso de lentes adicionales para ver correctamente. 

Cuándo se debe acudir a un profesional

Como norma general, se debería acudir a un profesional para graduar la vista siempre que se aprecie una visión borrosa o con falta de agudeza visual (tanto si es de cerca como de lejos, así como si se trata de ambos casos). Cuando se vea borroso en alguna situación, así como cuando sea necesario entrecerrar los ojos para agudizar la vista y conseguir ver correctamente, se puede estar casi seguro de que existe un problema de visión no diagnosticado, por lo que es importante acudir al oftalmólogo u óptico para que pueda graduar la vista y llevar a cabo el diagnóstico correspondiente. 

Asimismo, existen personas que ya utilizan gafas o lentes de contacto y que aprecian que, a pesar de este uso, hay situaciones en las que creen que no ven todo lo bien que debieran. En estos casos, lo más probable es que, de forma natural, las dioptrías de los problemas de visión hayan variado, lo que hará necesario llevar a cabo una nueva graduación de la vista y, si es necesario, adaptar los cristales de las gafas o las lentillas a la nueva graduación.

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