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El síndrome de Peters: ¿en qué consiste?

El rasgo distintivo del síndrome de Peters es una opacidad en el interior de la córnea del niño. A primera vista destaca una zona de color blanco que de traduce en una pérdida de visión. Además, cuanto mayor sea la opacidad, peor será la vista del niño.

Es posible que la anomalía afecte a uno o a ambos ojos. Aunque lo más común (en un 80 % de los casos) es que se presente de forma bilateral y asimétrica. De esta manera el niño es incapaz de reconocer objetos e incluso tiene problemas para distinguir los colores. El síndrome de Peters se presenta entre las semanas 10 a 16 de gestación, pero es muy difícil detectarlo mediante un diagnóstico prenatal.

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Afortunadamente es una patología poco frecuente que afecta únicamente a un ínfimo porcentaje de la población (uno entre un millón de personas). Además, esta característica opacidad puede venir acompañada de otros síntomas:

  • Un mayor aumento del riesgo de desarrollar glaucoma
  • Nistagmus (movimientos involuntarios de los ojos).
  • Catarata (una pérdida de la transparencia del cristalino).
  • Mayores probabilidades de sufrir un desprendimiento de retina.
  • En los casos más severos es posible apreciar una falta de desarrollo del globo ocular, es lo que se denomina microftalmos (ojos muy pequeños).

Bebé tumbado con los ojos cerrados y sonriendo

Síndrome de Peters plus

Esta mutación puede, además, afectar a otros otros genes donde otros órganos pueden verse implicados:

  • Cardiopatías
  • Sordera
  • Dificultad en el aprendizaje.
  • Labio leporino y fisura palatina.

Diagnóstico

El síndrome de Peters suele ser detectado por el pediatra inmediatamente tras el parto. No obstante, corresponde al oftalmólogo el diagnóstico y tratamiento es esta anomalía en lo que afecta a la visión.

En cualquier caso se debe valorar el caso con prontitud. De hecho, no se descarta que sea preciso un examen oftalmológico exhaustivo con aplicación de anestesia general. Normalmente esta opacidad mejora durante los primeros meses de vida, pero no se puede determinar qué grado de visión tendrá el niño al final.

En los casos de los que la afectación sea bilateral, se aconseja el tratamiento quirúrgico mediante queratoplastia (trasplante de córnea). De esta manera, se reemplazará la córnea opaca por otra sana procedente de un donante.

Lo cierto es que el síndrome de Peters requiere tanto la intervención de especialistas de la córnea como de especialistas en oftalmología pediátrica. Tras la intervención, que suele durar unos 40 ó 50  minutos, y que se suele realizar de manera ambulatoria (sin que por tanto se ingrese en el centro hospitalario) será preciso la administración de colirios durante varios meses. Además, el paciente debe descansar adecuadamente para evitar contratiempos en su recuperación.

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