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Bye bye gafas con Cirugía Refractiva

Gotas para dilatar la pupila: recomendaciones de uso

Las gotas para dilatar la pupila, también llamadas agentes midriáticos, constituyen un recurso bastante frecuente en la atención oftalmológica. Seguro que has oído hablar de ellas antes y que en alguna oportunidad tu oftalmólogo las ha usado en alguna de tus revisiones.

Pues bien, en el siguiente post vamos a explicarte qué son exactamente, cuáles son sus principales usos, qué componentes tienen y qué recomendaciones debemos seguir para su correcta utilización.

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Principales usos de las gotas para dilatar la pupila

Las gotas para dilatar la pupila o colorios ciclopéjicos tienen mala fama entre los pacientes, sobre todo si se trata de casos de niños. Esto es debido a que no son iguales a las gotas de uso diario que nos ponemos para hidratar los ojos o para algún tratamiento específico.

Son conocidas coloquialmente como las ‘gotas que pican’, es decir, que generan una cierta sensación de escozor en los ojos, pero este efecto normalmente es leve y transitorio.

No obstante su mala reputación y los efectos que nos generan al aplicarlas, las gotas para dilatar los ojos son fundamentales para las habituales valoraciones del fondo del ojo que realiza nuestro oftalmólogo. Gracias a su composición, actúan de tres maneras:

  • Paralizan temporalmente el grupo de músculos cuya función consiste en que las pupilas sean más pequeñas.
  • Estimulan el músculo que hace que el iris (es decir, la parte coloreada del ojo) se ensanche más de lo habitual.
  • Impiden que la pupila ajuste el foco sobre los objetos que tenemos delante de nuestro campo de visión, es decir, frenan el denominado proceso de acomodación.

Una vez están dilatadas las pupilas, nuestro especialista aprecia con más facilidad el estado de la lente del ojo (cristalino), así como de la retina y el nervio óptico. Para ello, utiliza una serie de instrumentos propios de este tipo de exploraciones (lámpara de hendidura, oftalmoscopio…) que son esenciales para diagnosticar y tratar a tiempo determinadas patologías oculares, como el glaucoma o el desprendimiento de retina, entre otras, y también para comprobar la evolución de enfermedades sistémicas como la diabetes o la hipertensión. Este examen ocular suele tener una duración de solo unos minutos y es totalmente indoloro.

En otras ocasiones, los especialistas usan las gotas para dilatar la pupila en la antesala de ciertas cirugías del ojo o incluso en la fase postoperatoria de las mismas, sobre todo si es necesario evitar la formación de tejidos de cicatrización.

También se usan ocasionalmente en niños o pacientes jóvenes que sufren ambliopía u ojo vago. En estos casos, las gotas causan una visión borrosa en el ojo bueno y, de esta forma, obligan a que el paciente use el que presenta dicha anomalía.

Por último, la utilización de las gotas para dilatar la pupila también es habitual en pacientes que sufren algunos tipos de inflamaciones intraoculares.

Mujer morena de ojos azules echándose un colirio

Gotas para dilatar la pupila: recomendaciones generales

Las gotas para dilatar la pupila deben ser suministradas siempre por nuestro oftalmólogo, bien sea durante una revisión para una intervención quirúrgica o en tratamientos específicos. No deben usarse de forma improvisada o sin la supervisión de un médico. Además, se recomienda tener en cuenta consideraciones generales como las que mencionamos a continuación:

  • El efecto de las gotas para dilatar la pupila suele durar entre 4 y 24 horas. La duración del efecto de este medicamento depende del tipo de gotas empleadas y de la sensibilidad de cada persona. Los efectos de algunas gotas como la atropina pueden durar hasta dos semanas.
  • Los niños necesitan gotas más fuertes y de efecto más prolongado que los adultos para que los especialistas puedan realizar las exploraciones y la medición de la graduación con mayor detalle y precisión. Las gotas menos fuertes se usan en los recién nacidos.
  • Los efectos secundarios más comunes de estas gotas son la sensibilidad a la luz (especialmente a la luz intensa) y la visión borrosa de cerca, aunque ambos desaparecen gradualmente con el paso de las horas y no generan complicaciones añadidas. Para mitigar la fotosensibilidad es recomendable que el paciente utilice gafas de sol.

¿Cómo se usan?

Dependiendo del tipo de gotas y de las características del paciente (niño o adulto), el número de gotas que se instilan y el momento en el que este esté listo para graduar es diferente. Esta circunstancia debe ser valorada por el oftalmólogo.

La pauta más habitual para el ciclopentolato (las gotas más comunes) es instilar tres veces las gotas en cada ojo separadas por intervalos entre 5 y 10 minutos cada una. En los niños por debajo de los seis meses y en niños prematuros, lo más normal es pautar dosis más suaves. Además, los pacientes con ojos más oscuros suelen precisar mayor dosificación del tratamiento ya que los ojos de colores claros (como el azul o el verde) se suelen dilatar más rápido que los ojos de colores más oscuros.

Midriasis y miosis pupilar

La miosis es la contracción de la pupila en la que intervienen los músculos circulares del iris o esfínter iridiano. Se produce cuando se dan situaciones de luz intensa.

Por el contrario, la midriasis es la dilatación de la pupila en la que intervienen los músculos radiales del iris. Se suele producir cuando se expone el sistema visual a una luz tenue.

La luz ambiental no es el único factor que provoca que las pupilas cambien de tamaño. También influyen en este fenómeno las emociones y la ingesta de algunos agentes químicos y sustancias tóxicas. La dilatación de la pupila también puede venir producida por ciertas enfermedades neurológicas, daños cerebrales o el denominado síndrome de Claude-Bernard-Horner. En estos casos más graves que pueden requerir una intervención con urgencia, la midriasis suele ir acompañada de otros síntomas como: visión borrosa o visión doble, dolor de cabeza, fiebre, pérdida de visión, dolor en los ojos, náuseas, cuello rígido o sensibilidad a la luz.

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