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El blog de la Oftalmología

Lagoftalmos: la imposibilidad de cerrar del todo los ojos

A la imposibilidad de cerrar completamente los párpados de uno o ambos ojos se le conoce como lagoftalmos o lagoftalmia, lo que produce un espacio entre el párpado superior y el párpado inferior. Esto hace que parte de la superficie ocular quede expuesta, lo que puede causar algunos problemas visuales, como la sequedad ocular.

¿Por qué se producen?

Normalmente esta circunstancia aparece como consecuencia de una parálisis facial, una enfermedad cerebro-vascular o algunos tumores. Aunque en algunos casos no existe ninguna anomalía en la función nerviosa, siendo un factor externo (como una cicatriz o una retracción palpebral) lo que provoca la dificultad para cerrar del todo los párpados.

Aunque en un porcentaje bajo, en ocasiones el lagoftalmos aparece como efecto colateral de una blefaroplastia, siendo también posible que no se llegue a determinar una causa concreta.

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Tipos de lagoftalmos

De hecho, el lagoftalmos se puede clasificar en dos tipos, en función del factor que lo haya provocado:

  • Paralítico o nervioso. Cuando el lagoftalmos aparece como consecuencia de un problema en el nervio facial, encargado de transmitir la información nerviosa al músculo orbicular del ojo y que se encarga de controlar el movimiento de los párpados. Este factor, que ocasiona una pérdida de fuerza en el músculo, puede estar provocado por una parálisis facial, tumores, traumas, patologías cerebro-vasculares…
  • Mecánico. Cuando esta afección aparece como consecuencia de un factor externo que impide el cierre completo de los párpados, mientras que la función nerviosa del músculo es correcta. Estos factores externos pueden ser: una cicatriz en la zona ocular, una retracción palpebral, un ectropión, un exoftalmos en pacientes con orbitopatía tiroidea

Síntomas del lagoftalmos

El principal síntoma del lagoftalmos es que el paciente nota que se le queda el ojo entreabierto.

La mayor parte de los síntomas del lagoftalmos se deben a la exposición de la superficie ocular y la sequedad que esto genera. Entre estos síntomas encontramos:

  • Enrojecimiento e irritación ocular.
  • Sensación de arenilla o de cuerpo extraño.
  • Dolor o escozor.
  • Visión borrosa en un grado variable.
  • Producción excesiva de lágrimas (ojos llorosos).

Diagnóstico

El lagoftalmos es sencillo de detectar en una revisión rutinaria con un oftalmólogo, ya que el propio paciente suele ser consciente de que no consigue cerrar por completo sus párpados. Con un simple examen visual, el oftalmólogo suele ser capaz de detectar esta patología. El médico especializado en oftalmología suele completar el diagnóstico con una exploración de la córnea mediante una lámpara de hendidura para poder valorar el grado de afectación de la córnea por la sequedad ocular.

En el caso de que el lagoftalmos venga producido por una parálisis facial es habitual que el diagnóstico lo realice el neurólogo o el otorrinolaringólogo. En estas ocasiones, será el especialista en oftalmología el que se encargue de realizar el seguimiento y el tratamiento desde el punto de vista ocular.

Consecuencias del lagoftalmos

El verdadero problema de no poder cerrar totalmente los párpados es que se produce una exposición constante del ojo al aire y a los agentes externos, lo que puede provocar:

  • Una mala lubricación de la superficie ocular
  • Sequedad ocular y otros problemas asociados: lagrimeo, sensación de cuerpo extraño, visión borrosa, irritación…
  • Falta de protección ante los agentes externos (aire, polvo, partículas…), lo que puede suponer un peligro para la integridad del ojo.

Es importante reconocer la existencia de un lagoftalmos de la forma más temprana posible y comenzar el tratamiento cuanto antes.

¿Se puede prevenir?

No existe una prevención efectiva, salvo cuando aparece como consecuencia de una cirugía palpebral, ya que  la mayoría de casos de lagoftalmos vienen provocados por una parálisis facial, cuyo origen puede ser desconocido o como consecuencia de traumatismos o cirugías. Dicha parálisis provoca una debilidad de los músculos faciales, entre ellos el músculo orbicular, que es el encargado del cierre de los párpados. En ocasiones, no es posible determinar una causa concreta para este problema. En todo caso, lo importante es detectarlo para saber si la visión puede verse afectada y plantear qué tratamiento es el más adecuado.

¿Cómo se cura el lagoftalmos?

Una vez diagnosticado, el tratamiento del lagoftalmos depende de la gravedad e intensidad del mismo y de los síntomas secundarios que genera. Si es leve, suele consistir en una terapia lubricante (lagrimas artificiales o en forma de gel o pomada) con el fin de eliminar o mitigar los síntomas de la sequedad ocular. Por la noche es muy habitual que el oftalmólogo le recomiende al paciente que se tape el ojo con unas gafas de humedad o unos parches especiales.

En los casos más severos, a parte de la terapia lubricante,  se puede recurrir a un tratamiento quirúrgico que consiste en la implantación de un pequeño peso de oro que ayude a que el párpado superior acabe de cerrarse totalmente. También se puede mejorar la tensión del párpado inferior mediante una operación que permita anclarlo al hueso lateral (tira tarsal lateral). En todo caso, salvo que exista un riesgo real e inminente para la salud del ojo, el procedimiento quirúrgico solo se realiza al cabo de un tiempo de presentarse el problema (normalmente pasados varios meses), una vez se ha comprobado que no se ha producido, ni parece posible, una solución o mejoría espontánea del problema para cerrar el párpado.

Además, las úlceras corneales infecciosas deben tratarse con una terapia antibiótica adecuada.

Primer plano ojo marrón con bolsas

En cualquier caso, debe ser siempre un especialista quien, tras analizar el grado de exposición del ojo a la intemperie, los síntomas causados y el estado del músculo orbicular, valore y determine cuál es el procedimiento más adecuado a seguir.

¿Qué pronóstico tiene?

La evolución de este problema para controlar el movimiento de los párpados depende, en gran medida, de la gravedad y de la intensidad del daño sufrido en el nervio facial, si es que existe. Además, en los casos con origen desconocido (idiopáticos) la experiencia demuestra que la mayoría de personas se recuperan con rapidez y sin que les queden secuelas de ningún tipo.

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