Cuando el ojo lagrimea de forma continuada, puede llegar a ser muy molesto, llegando incluso a interferir en la calidad de vida del paciente, ya que éste siempre tiene que llevar un pañuelo para secarse. Esto es debido a una obstrucción de la vía lagrimal en alguno de sus puntos, por lo que solo tiene una solución quirúrgica.
Si hay antecedentes de infección en la vía lagrimal, se puede originar secreción al comprimir el saco lagrimal, por lo que el paciente además del molesto lagrimeo, tiene síntomas de irritación ocular constante, legañas y visión borrosa, existiendo siempre el riesgo de nuevas infecciones.
Puede haber también, obstrucción de la vía lagrimal sin infección. Lo único que existe es el lagrimeo constante. En ocasiones el saco retiene la secreción y puede llegar a aparecer un bulto en la zona.
Como consecuencia de no corregir este problema, se puede ocasionar infección de la zona circundante, con el riesgo escaso pero posible, de que se extienda a las zonas próximas al saco lagrimal, y ser potencialmente más grave.