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Tratamiento del glaucoma

El glaucoma es una enfermedad que se manifiesta en la pérdida de visión como consecuencia de un daño en las fibras del nervio óptico secundario provocado, generalmente, por un aumento de la presión intraocular (PIO). La mayor parte de los tratamientos están orientados a reducir esa presión intraocular.

El tratamiento del glaucoma indicado por el especialista dependerá del tipo de glaucoma que sufra el paciente, de en qué momento se le haya diagnosticado la enfermedad y de cómo haya evolucionado y de sus características concretas.

Debemos tener en cuenta que, en general, el glaucoma se caracteriza por ocasionar un deterioro en el nervio óptico secundario (el nervio que lleva las imágenes, que han sido convertidas en impulsos eléctricos en la retina, hasta el cerebro). El daño en el nervio óptico se suele manifestar con una pérdida de la visión lateral o periférica, generando lo que se denomina "visión de túnel". Este deterioro del nervio óptico secundario suele estar provocado porque la presión intraocular del paciente se encuentra por encima de los límites considerados normales (por encima de los 21 milímetros de mercurio). Por esta razón, la mayor parte de los tratamientos para el glaucoma aplicados por los especialistas están orientados a controlar la presión intraocular (PIO) y evitar que el nervio óptico siga deteriorándose y, de esta forma, frenar el progreso de la enfermedad. El daño provocado por el glaucoma suele ser irreversible, por eso resulta muy importante diagnosticarlo a tiempo para intentar frenar su evolución y ralentizar el deterioro del nervio óptico que genera la pérdida del campo visual.

La operación no suele ser la primera opción de tratamiento elegida por los especialistas para abordar los casos de glaucoma a no ser que el daño en el nervio óptico sea considerable cuando se realiza el diagnóstico. En un primer momento, el oftalmólogo suele tratar de disminuir la presión intraocular recurriendo a los fármacos en forma de colirio. Existen multitud de medicamentos disponibles para tratar el glaucoma y, en caso de que la primera elección no funcione, el médico puede modificar, tanto la dosis como el fármaco empleado.

Cuando el tratamiento con medicamentos no resulta efectivo, los médicos pueden recurrir a tratamientos quirúrgicos. La mayor parte de las operaciones para tratar el glaucoma están orientadas, bien a frenar la producción de humor acuoso, o bien a mejorar el drenaje de ese humor acuoso:

  • La operación de glaucoma mediante láser se utiliza para agrandar el conducto de drenaje ayudando a que el humor acuso salga del ojo. Las técnicas más comunes son la Trabeculoplastia con Láser Argón y la Esclerectomía Filtrante con Láser Holmium.
  • La operación mediante cirugía convencional (trabeculectomía) consiste en crear una nueva vía de drenaje para que el humor acuoso salga del ojo y disminuir la presión intraocular.